7 – Mitos de la ley del Diezmo

Mito: Lo mejor

Note que cuando los levitas escogían su diezmo (el diezmo del diezmo), lo tenían que hacer de lo mejor; cosa que no era exigida al pueblo de Israel, a quienes por el contrario se les exigía que entreguen el diezmo indistintamente si era bueno o malo, “No mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará” (Levítico 27:33).

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Confundir el diezmo con las ofrendas por expiación es algo que ha llevado a algunos a decir que el diezmo tenía que ser lo mejor.

Mito: Lo primero

Otro punto importante a notar es que el diezmo del pueblo de Israel no era lo primero de lo producido por la tierra o ganado; no lo dice así en ninguna parte. ¿Si fuera lo primero, cómo sabrían cuál es la décima parte si no sabían aún cuánto era el total?, recuerde que se hacía una vez al año.

Una explicación que me parece razonable es que cuando se tenía que entregar el diezmo, por ejemplo el fruto, se iba contando y separando, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, este décimo fruto se separaba para el diezmo, sin mirar si era bueno o malo, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, este también se separaba sin mirar, etc. En el caso de los animales se hacía algo parecido, se los hacía pasar bajo la vara (Levítico 27:32) y se iba contando y separando cada décimo.

Muchos confunden el diezmo con las primicias (Deuteronomio 26), un concepto diferente que incluye a los primeros granos, los primeros frutos, los primeros animales, las primeras cosas como lana, aceite, vino, y hasta al primogénito de los hijos de los israelitas; ofrenda importante porque indica que el Señor es primero no solo en nuestros corazones sino también en nuestros bienes, pero que en dimensión no se comparaba al diezmo, por el simple hecho que las primicias cabían en una canasta.

Mito: Todos diezmaban

¿Sabía usted que probablemente Jesús, Pedro, Juan, Pablo y otros apóstoles, nunca diezmaron, a pesar de ser judíos?

El diezmo era solamente para los que tenían tierras y obtenían granos y frutos de ella y sus derivados –vino y aceite-, y para los que tenían ganado y este se reproducía.

Si Jesús era carpintero, o constructor como dicen algunos, no producía granos, frutos ni ganado para diezmar, esa ley no le alcanzaba a él. Ningún artesano diezmaba.

De igual manera, Pedro y Juan, y otros apóstoles, su profesión era ser pescadores; y los pescados no estaban incluidos en la ley del diezmo. También Pablo, como constructor de carpas, era un artesano y no diezmaba.

Mito: El diezmo era alimento porque no existía aún el dinero

El dinero existía desde antes de Abram, antes que existiera la nación hebrea, y muchos siglos antes que la ley fuera dada a Moisés.

El dinero es mencionado en la Biblia por primera vez en Génesis capítulo 17. Es mencionado en más de 20 versículos solo en el libro de Génesis.

Además sí existía una manera de que el israelita entregue dinero al Levita. Si uno quería quedarse con algo ya entregado en el diezmo, lo podía recuperar pagando su valor más el 20 por ciento; lo leímos en el capítulo anterior, en Levítico 27:31.

Esta era la única manera que los levitas recibirían algo de dinero en el diezmo; pero el diezmo consistía en lo producido; ganado, granos, frutos y derivados.

En el mismo capítulo 27 de Levítico en los versos 3 al 7 se menciona el uso de dinero.

Otra prueba de que el diezmo no era dinero, pues era para ser comido, está en Deuteronomio 14, ya lo hemos leído antes. Si uno vivía demasiado lejos de alguna de las ciudades de los levitas indicadas para la entrega del diezmo, entonces podía vender el diezmo, llevar el dinero obtenido a la ciudad de los levitas, comprar allí con ese dinero lo equivalente en comida, y compartir la comida con los levitas.

Además existía la ley de las ofrendas, y allí lo único que se daba era dinero, lo puede leer en Éxodo 30:13

Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová.

El diezmo era para ser comido. Comido por el hijo de Israel que estaba diezmando y los levitas, y cada 3 años debía también ser compartido con los huérfanos, viudas y extranjeros.

Mito: El alfolí es una canasta

El alfolí es el granero, cámara o almacén donde se guardan los animales, granos, frutos y derivados. Algunos confunden las primicias, que debían ser llevadas en canastas (Deuteronomio 26:1-2), con el diezmo. Las primicias es un concepto diferente al diezmo; no deben ser confundidos.

Mito: Los Israelitas llevaban el diezmo al alfolí

Los israelitas entregaban el diezmo a los levitas. Los levitas llevaban el diezmo del diezmo al alfolí. El lugar donde los levitas tomaban el diezmo de los judíos no siempre era el mismo, pero en cualquier caso nunca los israelitas eran los que llevaban el diezmo al alfolí.

Cuestionario – Mitos de la ley del diezmo

¿Debía el israelita mirar el décimo que iba a entregar como diezmo para ver si era bueno o malo?

¿Era el diezmo lo primero de la cosecha o de las crías de los ganados?

¿Ya existía el dinero cuando Dios dio la ley a Moisés?

¿Qué es el alfolí?

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6 – La ley sobre el Diezmo

Parte II – El diezmo en la Ley

6 – La ley sobre el diezmo

Hasta el capítulo anterior, usted debe haber apreciado lo importante que fue conocer la historia de la primera iglesia, pero no solo eso, sino también la instrucción clara del apóstol Pablo sobre las ofrendas del Nuevo Pacto.

Trasladémonos ahora en nuestro viaje imaginario hasta el desierto donde Moisés guía al pueblo de Israel –desde Egipto- con rumbo a la tierra prometida. Allí se detuvieron en el monte Sinaí donde Moisés recibió de Dios las tablas de la ley, y además todos los mandamientos que luego trascribió al libro de Levítico; veamos la ley específica sobre el diezmo.

El nombre de Levítico viene de la tribu de Leví, y es bueno recordar aquí que Moisés y su hermano Aarón eran de la tribu de Leví, y de sus familias eran los sacerdotes; las otras familias de la tribu de Leví eran Merari, Coat y Gerson, y de sus familias eran los levitas.

Levítico 27

Habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles:

Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.

Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello.

Y todo diezmo de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el diezmo será consagrado a Jehová.

No mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el que se dio en cambio serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados.

Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí.

La ley acerca del diezmo es clara acerca de quienes deben cumplirla, Jehová específicamente dice que es para los hijos de Israel. Cualquiera que afirme que esta ley sobre el diezmo se aplica para alguien fuera del pueblo de Israel, está sacando el texto fuera de su contexto.

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Las leyes sobre el diezmo que aparecen en los libros de Levítico, Números y Deuteronomio, fueron dadas antes de que el pueblo de Israel entre a la tierra prometida que fluía leche y miel, y justamente fueron dadas para ser obedecidas luego que el pueblo de Israel tome posesión de esa tierra, no antes. Note como en el pasaje anterior se habla de la simiente de la tierra y del fruto de los árboles, instrucción que fue dada cuando el pueblo de Israel estaba vagando por un desierto donde ellos no sembraban, ni había árboles.

Esta es toda la ley sobre el diezmo para los hijos de Israel en Levítico. En Números 18 hay un agregado específico para los levitas, el diezmo del diezmo.

Números 18:22-32

Y no se acercarán más los hijos de Israel al tabernáculo de reunión, para que no lleven pecado por el cual mueran. Mas los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel.

Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.

Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos. Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como producto del lagar. Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Jehová de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová al sacerdote Aarón. De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda a Jehová; de todo lo mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada.

Y les dirás: Cuando ofreciereis lo mejor de ellos, será contado a los levitas como producto de la era, y como producto del lagar. Y lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias; pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el tabernáculo de reunión. Y no llevaréis pecado por ello, cuando hubiereis ofrecido la mejor parte de él; y no contaminaréis las cosas santas de los hijos de Israel, y no moriréis.

Y en Deuteronomio 12:5-18 se indica que no se llevará el diezmo a cualquier lugar, sino al indicado por Dios:

…sino que el lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación, ése buscaréis, y allá iréis. Y allí llevaréis vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, y la ofrenda elevada de vuestras manos, vuestros votos, vuestras ofrendas voluntarias, y las primicias de vuestras vacas y de vuestras ovejas; y comeréis allí delante de Jehová vuestro Dios, y os alegraréis, vosotros y vuestras familias, en toda obra de vuestras manos en la cual Jehová tu Dios te hubiere bendecido.

Y al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere para poner en él su nombre, allí llevaréis todas las cosas que yo os mando: vuestros holocaustos, vuestros sacrificios, vuestros diezmos, las ofrendas elevadas de vuestras manos, y todo lo escogido de los votos que hubiereis prometido a Jehová.

Ni comerás en tus poblaciones el diezmo de tu grano, de tu vino o de tu aceite, ni las primicias de tus vacas, ni de tus ovejas, ni los votos que prometieres, ni las ofrendas voluntarias, ni las ofrendas elevadas de tus manos; sino que delante de Jehová tu Dios las comerás, en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, y el levita que habita en tus poblaciones; te alegrarás delante de Jehová tu Dios de toda la obra de tus manos.

Ten cuidado de no desamparar al levita en todos tus días sobre la tierra.

Deuteronomio 14:22-29

Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año. Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días.

Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere, entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.

Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo. Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren.

En Deuteronomio 26:12

Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán.

De estos pasajes en Levítico, Números y Deuteronomio podemos concluir que el diezmo era un tributo anual, que consistía en entregar un décimo de lo que producía el ganado –vacas y ovejas-, la tierra –granos y frutos-, y sus derivados –vino y aceite-, a los levitas, quienes a su vez entregarían un décimo a los sacerdotes.

¿A dónde debían llevar los israelitas el diezmo?

Según Números 18:22 los israelitas no debían acercarse al tabernáculo, sino que deberían ser los levitas quienes debían tomar el diezmo de los israelitas. La interpretación de los textos en Deuteronomio 12 nos lleva a pensar que es el templo a donde los israelitas debían llevar sus diezmos, pues dice “al lugar que Jehová vuestro Dios escogiere de entre todas vuestras tribus, para poner allí su nombre para su habitación”, y “sino que en el lugar que Jehová escogiere, en una de tus tribus, allí ofrecerás tus holocaustos, y allí harás todo lo que yo te mando”, lleva a concluir que ese lugar sería finalmente Jerusalén.

Como es cierto que Jerusalén no quedó establecido como el lugar de adoración hasta unos cuatrocientos años después que los israelitas entraron a la tierra prometida, cuando David instaló su tabernáculo allí; y mientras tanto el lugar central de la adoración y servicio religioso fue el tabernáculo móvil de Moisés, se puede entender que todas las indicaciones del lugar donde llevar el diezmo se refieren a lo mismo, y encajan con la realidad de que el lugar de adoración siguió trasladándose por varios años; con la consideración de que los israelitas no debían llegar con sus diezmos y ofrendas hasta el mismo lugar de adoración; y eso era resuelto –de alguna manera- con el servicio de los levitas.

Según Nehemías 10:37 los levitas debían recolectar el diezmo de los israelitas y acumularlo en sus ciudades. Para ello existían 48 ciudades levitas esparcidas por todo el territorio de Israel, de las cuales 35 eran exclusivas de los levitas, y 13 de los sacerdotes.

Note al inicio del pasaje estudiado en Números 18 la combinación de las palabras diezmo y ofrenda, dice que el diezmo era ofrecido en ofrenda y entregado a los levitas; igualmente de lo que ellos recibían también el diezmo era entregado en ofrenda a los sacerdotes; sin embargo la mayoría de veces que se usa la palabra ofrenda en el Antiguo Testamento se refiere a animales para el sacrificio –por culpa o gratitud- y no para la actividad del diezmo; también en menor grado se refiere a vegetales como ofrenda de gratitud, y también a dinero (Éxodo 30).

El diezmo era para ser comido. Además cada tercer año, los diezmadores y los levitas debían sentarse juntos a comer parte del diezmo, esta práctica tenía el sentido de que el pueblo de Israel no debía olvidarse de los levitas, no desampararlos, puesto que ellos no tenían heredad como las demás tribus. También debía compartirse la comida con el extranjero, el huérfano y la viuda hasta que se sacien.

Si el israelita estaba lejos del lugar escogido por Jehová para comer los diezmos, ¿qué debía hacer?

Tenía dos opciones, la primera era comer el diezmo en la puerta de su propia casa. Deuteronomio 12:21 Si estuviere lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios escogiere para poner allí su nombre, podrás matar de tus vacas y de tus ovejas que Jehová te hubiere dado, como te he mandado yo, y comerás en tus puertas según todo lo que deseares.

La segunda opción era vender el diezmo, llevar el dinero hasta el lugar indicado, y comprar allí el alimento; Deuteronomio 14:24-26: Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere, entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.

¿Por qué un décimo o 10 por ciento?

Considero importante que nos preguntemos ¿Por qué Dios pide un décimo, que para este subtítulo tomamos como 10 por ciento, y no otro porcentaje?

Primero, Dios les ofreció una tierra que “fluye leche y miel”; de manera que el diezmo es una devolución de lo que produce esa tierra, porque Él estaba detrás de esa fertilidad. Podríamos llamar a esto una razón compensatoria. Los hijos de Israel compensaban a Dios por haber hecho fértil la tierra, pagándole con lo producido por esa misma tierra.

Segundo, la razón de la igualdad. Siendo once tribus de Israel aparte de los levitas, supongamos que cada tribu tenía la misma cantidad de familias ganaderas y agricultoras: cien familias de este tipo; y que cada familia producía al año 1 tonelada de productos de la tierra, y 100 cabezas de ganado; por lo tanto:

a. Producción anual de cada tribu:
• Productos de la tierra: 100 familias x 1 tonelada = 100 toneladas
• Ganado: 100 familias x 100 cabezas = 10,000 cabezas

b. Diezmo de cada tribu (10% de a):
• Productos de la tierra: 10 toneladas
• Ganado: 1,000 cabezas

c. Saldo disponible para cada tribu (a-b):
• Productos de la tierra: 90 toneladas
• Ganado: 9,000 cabezas

d. Total recibido por los Levitas (b x 11 ):
• Productos de la tierra: 10 toneladas x 11 tribus = 110 toneladas
• Ganado: 1,000 cabezas x 11 tribus = 11,000 cabezas

e. Diezmo del diezmo de los Levitas para los sacerdotes (10% de d):
• Productos de la tierra: 11 toneladas
• Ganado: 1,100 cabezas

f. Saldo disponible para los Levitas (d-e):
• Productos de la tierra: 99 toneladas
• Ganado: 9,900 cabezas

Como se observa del cálculo (f versus c), los levitas tenían como disponibilidad para comida algo muy parecido a cada tribu, solo mayor en un 10%.

Si Dios les hubiera ordenado a los hijos de Israel dar un tributo de 5%, o de 20%, el desbalance entre los levitas y las otras tribus sería bastante mayor; de manera que 10% es una medida equitativa.

Como añadidura vemos el ejemplo de José en Egipto, cuyo caso se enmarca dentro de la teoría de que el diezmo es un tributo. Estando José preso en Egipto, Faraón tuvo un sueño, el cual ninguno de sus sabios consejeros pudo interpretar, fue cuando el copero se acordó de José y se lo recomendó a Faraón, quien llamó a José y le explicó el sueño. José, aclarando primero que era Dios quien le daba la interpretación, le expuso que Dios daría a Egipto 7 años de abundancia y luego 7 años de escasez, para lo cual debía Faraón escoger un varón sabio y prudente para que gobierne el país, y cobre un impuesto de 20 por ciento sobre lo producido durante los 7 años de abundancia, para que así puedan sobrevivir durante los 7 años de escasez. Faraón reconoció que Dios le habló por medio de José y le puso en ese cargo, ¡en un día pasó de la cárcel a ser el segundo hombre en todo Egipto! Lo que encuentro aquí es que el promedio que los egipcios pagaron por impuestos durante esos 14 años fue de un diez por ciento, porque por siete años pagaron 20 por ciento y por otros siete años no pagaron nada.

Estas consideraciones, la de la compensación y la de la igualdad confluyen en que el diezmo era el tributo o impuesto que los ciudadanos de la nación de Israel pagaban a la administración a cargo de los levitas.

Cuestionario – La ley sobre el diezmo

¿En qué consistía el diezmo de la Ley?

¿A quién se debía entregar el diezmo de la Ley?

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5 – Conclusiones y Preguntas Frecuentes sobre la Ofrenda en el Nuevo Pacto

Las siguientes conclusiones están intencionalmente clasificadas y ordenadas para poder compararse con las conclusiones de las siguientes secciones del libro; esa comparación se presenta en el capítulo 15 Conclusiones y Mitos.

La ofrenda en el Nuevo Pacto

• Es voluntaria.
• Hay instrucción sobre ella.
• Es realizada por los creyentes.
• Está motivada por la necesidad de otros creyentes y el sustento de los ministros.
• Consiste en dinero.
• La cantidad es conforme haya prosperado.
• La frecuencia es semanal.
• Los destinatarios son los creyentes necesitados de la misma iglesia y de otras iglesias, también los ministros del evangelio.
• Los ministros que gobiernen bien deben recibir doble sustento.

En este punto creo que es importante resaltar que ya hemos satisfecho el motivo de haber empezado estudiando el Nuevo Pacto antes que el Antiguo; tenemos ya formada en nuestra mente la ideal e insuperable manera como la economía de la iglesia del primer siglo funcionaba. Para esto he creído conveniente escribir una cartilla que al final sería como un credo con respecto a todo este tema. Hasta este punto la cartilla, que he llamado “Abecé del dador alegre” –e iré incrementando mientras avanzamos con las conclusiones- contiene las siguientes declaraciones:

DOY OFRENDAS A MI IGLESIA

Para ayudar a los necesitados
Para sostener los pastores
Para el avance del evangelio
Según he prosperado
Con regularidad y con alegría.

NO

No doy por obligación, o para callar mi conciencia, ni buscando aprobación de otros

Preguntas frecuentes

¿No se reunían los primeros creyentes en un templo?

Los creyentes judíos se reunían en el templo judío para cumplir con su religión, de igual manera iban a las sinagogas; pero las reuniones exclusivas con otros creyentes –durante los primeros años- se realizaban en casas, obviamente que no se podían reunir ocho mil personas en una sola casa, por lo tanto se presume que cuando el autor de Hechos dice que se reunían en “casas” (Hechos 2:46) se refería a que se reunían en una red de casas, de manera que no todos se congregaban en la misma casa.

A diferencia de la religión judía, los primeros creyentes tenían claro que no habían recibido ninguna indicación de Jesús de construir u ocupar un edificio especial para sus reuniones; al reunirse en casas lo hacían para partir el pan, y compartir la palabra.

Lean lo que dijo Esteban con respecto al templo, en Hechos 6:48-50

Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?

Y lo que dijo Pablo en Hechos 17:24-25

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

Según Henry H. Halley en ‘Historia de la Iglesia’, el primer edificio para iglesia se hizo siendo emperador Alejandro Severo (222-235 D.C.). Después del edicto de Constantino (313 D.C.), comenzaron a construirse templos en todas partes.

¿Jesús no apoyó el diezmo? ¿Las enseñanzas de Jesús no forman parte de esta primera parte?

Recuerde que el Nuevo Pacto se inicia con la muerte de Jesús, de modo que los tres pasajes que estudiaremos corresponden al antiguo pacto:

• La instrucción de Jesús en Mateo 6, sobre la limosna.
• El comentario de Jesús acerca de la ofrenda de la viuda, en Marcos 12 y Lucas 21.
• El comentario de Jesús sobre que los religiosos debían practicar el diezmo al mismo tiempo que la justicia y misericordia, en Mateo 23.

Estos pasajes serán estudiados en la segunda parte.

La ausencia de enseñanza de los apóstoles sobre el diezmo, ¿no indica que era una costumbre que debía continuar?

Es un argumento lógico, y podría ser valedero siempre y cuando la iglesia hubiera continuado estando compuesta siempre de solo judíos, es decir creyentes que desde niños habían sido enseñados en la ley mosaica, y por lo tanto conocían las demandas de la ley acerca del diezmo; sin embargo, al haberse extendido el evangelio a los gentiles, quienes no tenían conocimiento profundo de la ley, hubiera sido necesario instruirles en todo aquello que fuera desconocido para ellos. Varias de las cartas de Pablo fueron escritas a iglesias en Asia y Europa, compuestas en su gran mayoría por creyentes no judíos. La ausencia de enseñanza específica sobre el diezmo, y la presencia explícita de enseñanza sobre las ofrendas, demuestra que el diezmo no fue practicado por los primeros creyentes.

¿No apoyó Pablo el recojo de diezmos cuando dijo en 1ra Corintios 9 que así como los que sirven al altar, del altar participan, los que anuncian el evangelio deben vivir del evangelio?

En 1ra de Corintios 9, estudiado en el capítulo anterior, Pablo dice:

¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.

Pablo menciona que los Levitas vivían “del templo” obviamente se refería a los diezmos y ofrendas de la ley, pero el símil que Pablo usa, es del origen del sustento, no de la forma del mismo. Pablo hace la comparación para indicar que los que son servidos son los que deben sustentar al que sirve. En el caso del templo, los hijos de Israel eran servidos por los levitas, por lo tanto el sustento de los levitas debía venir de los diezmos de los hijos de Israel; en el caso de la iglesia, los creyentes son servidos por los que anuncian el evangelio, y por lo tanto deben sustentarlos.

Hay que recordar que en ese momento el sistema religioso judío seguía operando y los judíos seguían cumpliendo con sus obligaciones, entre ellas el diezmo, pero no lo hacían en la congregación de creyentes, sino en el templo judío.

Pablo escribió 13 cartas (epístolas) y en todas da instrucciones detalladas de muchos aspectos de la vida cristiana; pero en ninguna de ellas menciona el diezmo. El define su vida antes de Cristo como fariseo, perseguidor de cristianos, en cuanto a la ley irreprensible; pero todo cambió por el amor de Cristo: Filipenses 3:7-9:

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.

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4 – Las necesidades de los ministros

Conforme fue creciendo el número de creyentes y multiplicándose el número de iglesias, también fue creciendo el número de ministerios; en Hechos capítulo 13, vemos que la iglesia de Antioquía obedece a la voz del Espíritu Santo y comisiona a Pablo y Bernabé para viajar llevando el evangelio de Cristo.

Estando en Efeso, Pablo se despide de los creyentes allí, en Hechos 20:32-35

Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.

Y en 1ra de Tesalonicenses 2:7-9:

Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.

Estos pasajes nos indican que el ministerio de Pablo no era una carga –hasta ese momento- para las iglesias que visitaba; ¡él mismo trabajaba con sus manos para que pudiera continuar su viaje y predicar el evangelio! Pero, en algún momento del ministerio de Pablo, necesitó dinero, el cual fue provisto por algunas de las iglesias incluyendo a Macedonia; veamos en 2 Corintios 11:8:

He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros. Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso.

Ministros a tiempo completo

En su defensa del apostolado, Pablo indica que es una orden del Señor que los que anuncian del evangelio, vivan del evangelio, estableciendo así los ministerios a tiempo completo.

1ra Corintios 9:7-14

¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?

¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?

Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.

En el versículo 13, el apóstol hace una comparación, de que así como los levitas comían de lo aportado al templo, así también los ministros deben vivir de lo que se aporta en la iglesia. No está mencionando directamente a los diezmos ni ofrendas de la ley; ni tampoco está vinculando que en la iglesia la manera de aportar debe ser la misma que en el templo o la ley. Lo que Pablo está indicando es que si los ministros se dedican al evangelio, entonces que no se les exija trabajar secularmente para su sustento.

Y en 2 Corintios 12:12-18

Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros. Porque ¿en qué habéis sido menos que las otras iglesias, sino en que yo mismo no os he sido carga? ¡Perdonadme este agravio!

He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir a vosotros; y no os seré gravoso, porque no busco lo vuestro, sino a vosotros, pues no deben atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos. Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.

Pero admitiendo esto, que yo no os he sido carga, sino que como soy astuto, os prendí por engaño, ¿acaso os he engañado por alguno de los que he enviado a vosotros? Rogué a Tito, y envié con él al hermano. ¿Os engañó acaso Tito? ¿No hemos procedido con el mismo espíritu y en las mismas pisadas?

En Filipenses 4:10-19 Pablo muestra su agradecimiento por las ofrendas

En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.

No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta.

Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios.

Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

Es decir que luego de algunos años los creyentes de las iglesias –con instrucción de Pablo- comprendieron que además de ofrendar para ayudar a los necesitados, también debían ofrendar para sustentar a los ministros en la predicación del evangelio, y no como una obligación sino como un privilegio.

Evitando el asistencialismo

Es necesario señalar que de leer todas las cartas de Pablo se entiende que las ofrendas no pretendían establecer una clientela de asistencialismo, es decir que el que estaba necesitado debía recibir asistencia, pero también –si lo podía- debía trabajar, o recibir ayuda de sus familiares; pero más que eso, cada creyente estaba impregnado del espíritu de no ser una carga (gravoso) sino un dador, “más bienaventurado es dar que recibir”.

Veamos el consejo de Pablo a Timoteo, en 1 Timoteo 5:3-18:

Honra a las viudas que en verdad lo son. Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres;

Sea puesta en la lista sólo la viuda no menor de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido, que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra.

Si algún creyente o alguna creyente tiene viudas, que las mantenga, y no sea gravada la iglesia, a fin de que haya lo suficiente para las que en verdad son viudas.

Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.

En este capítulo Pablo está dando instrucciones a Timoteo acerca de la distribución de las ofrendas entre las viudas; pareciera que existía un problema de falta de fondos para ayudar a todas las viudas, de manera que Pablo levanta la valla para clasificar a las viudas que verdaderamente necesitaban ayuda y excluir de la distribución a las que podían ser ayudadas por sus familias; pero al mismo tiempo instruye a Timoteo que los ancianos, de acuerdo a su desempeño, debían recibir un pago.

Y en el capítulo 6 versos 6 al 19, le recomienda a Timoteo alejarse del amor al dinero, y que a los ricos les ordene a ser generosos:

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.

A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.

De los pasajes expuestos en este capítulo, no se puede concluir que los ancianos o ministros recibieran un sueldo estable, es decir una compensación periódica fija por su trabajo; pero sí es claro que recibieron dinero para cubrir sus necesidades (en el caso de Pablo), y probablemente más allá de sus necesidades (doble honor).

Cuestionario – Las necesidades de los ministros

¿Quién solventó económicamente el ministerio de Pablo?

¿Hay instrucción bíblica acerca de que los creyentes deben ofrendar para el sostenimiento de los ministros del evangelio?

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3 – Las obligaciones de los gentiles respecto a la Ley

A partir del capítulo 10 del Libro de Hechos se narra como el evangelio fue aceptado por los gentiles, es decir por personas que no eran ni de la raza judía, ni practicaban la religión judía. Esto causó entre los creyentes judíos en Judea un malestar, una reacción contraria, que obligó a Pedro a explicar la visión que tuvo del Señor que le llevó a presentar el evangelio a los gentiles, y como el Espíritu Santo se derramó sobre ellos.

Para algunos de los creyentes en esa coyuntura el cristianismo era una extensión del judaísmo, la vara que coronaba el tronco de Isaí¹; no cabía en su mente otra manera de cristianismo que a través del judaísmo; por eso primero su perpleja incredulidad cuando oyeron que gentiles habían creído en el evangelio, y –por eso- luego, su exigencia de que se circunciden primero y cumplan toda la ley en adelante.

El concilio de Jerusalén

El conflicto se agudizó entre los que creían que los gentiles tenían que practicar todas las ordenanzas de la ley –llamados legalistas o judaizantes-, y los que afirmaban que eso no era necesario, a tal punto que Pablo, Bernabé y Tito fueron desde Antioquía a Jerusalén y convocaron una reunión de los apóstoles y ancianos para resolver esta cuestión.

Luego de varias horas de debate, el conflicto se fue resolviendo luego que Pedro dijo en Hechos 15:10:

Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?

Y Santiago (Jacobo) en Hechos 15:18-20:

Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre.

Los apóstoles y ancianos resolvieron escribir la resolución sugerida por Santiago para resolver el problema:

Hechos 15:24-29:

Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo.

Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis.

¿Y qué de los diez mandamientos? ¿Acaso los creyentes no debemos cumplir aquellos mandamientos como “No matarás”, “No hurtarás”, etc.?

Pablo y el autor de Hebreos dedican capítulos enteros para explicar que ya no estamos bajo la ley, que fue dada al pueblo de Israel; la Iglesia está bajo un nuevo y superior pacto establecido en la cruz, y en ese pacto somos libres de cumplir la ley.

Pero todos los hombres tenemos una conciencia establecida por Dios, una ley moral escrita en nuestros corazones por nuestro creador, que nos dice que matar es malo; de manera que como creyentes no matamos, no porque estemos sujetos a la ley dada a Moisés, sino porque hay una ley superior a los diez mandamientos, cuyo primer y más grande mandamiento es “Amarás al Señor tu Dios sobre todas las cosas” y eso nos lleva a buscar agradar a Dios en todo; incluyendo no hacer daño a nuestro prójimo; pero ya no lo hacemos enfocados en una ley de prohibiciones, sino enfocados en Cristo, y viviendo la ley del Espíritu que nos lleva a servir a Dios de una manera superior a la Ley.

De manera que la ley moral está vigente, pero la ley religiosa ha sido abolida.

Los siguientes pasajes tratan de explicar porque los cristianos no están sujetos a la ley dada a Moisés; he excluido pasajes que hablan de lo mismo pero aplicado a la salvación, y solo toco los pasajes que se refieren a la vida cristiana.

Esto porque hay cristianos y pastores que aceptan que la ley dada a Moisés no nos sirve para la salvación, la cual es solo por la fe en Jesús, pero en cuanto a la vida cristiana, creen y predican que los cristianos una vez salvos, aún están sujetos a algunos mandamientos de la ley dada a Moisés. Por eso he excluido de estos siguientes pasajes por ejemplo a Gálatas 3:1-3 “¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?”, y otros pasajes más; en los que se condena el cumplir con la ley para alcanzar la salvación.

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Pablo, en su carta a los Romanos les explica claramente a los creyentes que ya no están sujetos al antiguo pacto:

Romanos 7:1-6

¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?

Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.

La carta a los Gálatas, fue escrita por Pablo para enfrentar el problema judaizante en la iglesia, y además para divulgar la exhortación a Pedro y Bernabé por no enfrentar correctamente el problema.

Gálatas 3:24-29

De manera que la ley ha sido nuestro ayo², para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

Gálatas 4:4-11

Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros.

Gálatas 4:19 – 5:1

Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros, quisiera estar con vosotros ahora mismo y cambiar de tono, pues estoy perplejo en cuanto a vosotros.

Decidme, los que queréis estar bajo la ley: ¿no habéis oído la ley?

Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.

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En la mayoría de sus cartas, Pablo dedica pasajes para confirmar que ya no estamos bajo la ley de Moisés, revise 2da Corintios 3 y Colosenses 2.

El autor del libro de Hebreos dedica su libro a establecer que el Nuevo Pacto, es superior al antiguo, lea en Hebreos 7:18:

Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

Y en Hebreos 8:4-13

… habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.

Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.

Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, En que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor.

Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.

Podemos concluir que el diezmo establecido en la ley dada a Moisés no fue aplicado a los creyentes del primer siglo, ni tiene sustento bíblico para ser exigido a los creyentes, o practicado por ellos mismos.

Tenga cuidado cuando escucha a expositores de la Biblia clasificar la ley de Moisés en diferentes categorías, por ejemplo leyes Judiciales o Civiles, leyes Religiosas o Ceremoniales, leyes Morales, leyes Higiénicas, etc., podrían estar tratando de introducir la idea de que solo algunas de estas leyes han sido abrogadas y otras aún están vigentes; recuerde que para el israelita la ley era indivisible, Pablo dice en Gálatas 3:10: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.”, y Santiago en el capítulo 2 verso 10 “cualquiera que guarda toda la ley pero ofende en un solo punto se ha hecho culpable de todo”.

Cuando Jesús en Mateo 5:17-18 dice “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”, daría la impresión que la ley tendrá vigencia mientras duren el cielo y la tierra, pero la afirmación final es clara “hasta que todo se haya cumplido”, y justamente Jesús fue el único que cumplió la ley, por eso en la cruz pudo decir “Consumado es”, y por eso –según Apocalipsis- como cordero inmolado será el único capaz de abrir los sellos, porque el venció. Superior a la ley de Moisés son las palabras de Jesús, que nunca pasarán, así se acaben los cielos y la tierra, Mateo 24:35 “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

Cuestionario – Las obligaciones de los gentiles con respecto a la ley

¿Por qué los creyentes reaccionaron negativamente ante la noticia de que gentiles habían recibido el mensaje del evangelio?

¿Cuáles fueron las únicas obligaciones con respecto a la ley dada a Moisés que los apóstoles y ancianos reunidos en Jerusalén recomendaron a los creyentes gentiles?

¿Cómo se sentía Pablo al escuchar que algunos de los creyentes en Galacia, aún querían estar sometidos a la ley dada a Moisés?


¹ Isaías 11:1-2
² Ayo: Persona encargada de criar y educar a un niño

 

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2 – La ofrenda para los santos

En 1ra de Corintios 16 encontramos instrucción del apóstol Pablo que concuerda con las experiencias narradas anteriormente en el primer capítulo de este libro (La economía de la primera iglesia).

1ra Corintios 16:1-3

En cuanto a la ofrenda para los santos¹, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.

Pablo da una instrucción a los Corintios como también lo hizo en Galacia; la instrucción no consiste en que den una ofrenda, sino parte del hecho de que ya se suponía que iban a juntar una ofrenda para los necesitados en Jerusalén; la parte importante de esta instrucción radica en la manera como debe recolectarse esa ofrenda; se entiende por tanto que la entrega de ofrendas ya era una práctica común entre las iglesias cristianas.

Lo nuevo aquí es que la ofrenda no era para los necesitados dentro de su propia iglesia, la de Corinto, sino para los necesitados en una iglesia de otra región, Judea; es bastante probable que la ofrenda de la que Pablo habla en sus cartas a los Corintios sea la que se menciona en Hechos 11:28-30:

Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio. Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo.

Regresando al texto anterior, el de 1ra Corintios 16, el énfasis de Pablo es que no se recolecte la ofrenda cuando él llegue, sino que cada uno debería de antemano haber decidido cuánto ofrendar y haberlo traído a la comisión, probablemente por varias semanas y por lo tanto sería acumulada; por alguna razón Pablo quería evitar que en su presencia se recolecte la ofrenda, tal vez para no distraer el tiempo de su ministerio en la palabra hacia los Corintios, o como se puede inferir de 2da Corintios 9:5 que era una incomodidad hacer parecer que el motivo de su visita era exigir la recolección de ofrendas.

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Según haya prosperado

Un punto muy importante es entender que cada creyente debería establecer la cantidad a ofrendar de acuerdo a su prosperidad, es decir, en proporción a ella. Prosperidad es el incremento del capital o bienes, lo cual implica que si esa semana el creyente no fue prosperado, no debía ofrendar o al menos no debería sentirse obligado a ello. Prosperidad no es lo mismo que ingresos; sino más bien la diferencia entre ingresos y gastos. No hay otra acepción fuera de esta en el significado de prosperidad. Si el creyente fue prosperado, entonces debía ofrendar en alguna proporción a esa prosperidad.

En la segunda carta de Pablo a los Corintios se encuentra el pasaje más grande de toda la Biblia con respecto a dar, son los capítulos 8 y 9, recomiendo su lectura completa. En el capítulo 8 se explica la razón de las ofrendas, aquí puede leer algunos versos a partir del verso 12 y hasta el 22:

Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene. Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.

Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias; y no sólo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para llevar este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad; evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres. Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas cosas, y ahora mucho más diligente por la mucha confianza que tiene en vosotros.

La ofrenda que Pablo estaba solicitando a los creyentes de varias iglesias -Galacia, Macedonia, Corinto y probablemente otras más- no era para sustentar su ministerio, o el de algún otro apóstol o anciano, sino era para cubrir las necesidades de los creyentes en Jerusalén que estaban pasando escasez.

Ante el hambre de los hermanos en Judea, ¿a quién fue Pablo a solicitar ayuda? ¿a los que estaban pasando necesidad? ¡No!, él fue a solicitar ayuda a los que tenían abundancia, note en el pasaje anterior “…la abundancia vuestra supla la escasez de ellos…”; no pierda de vista nunca la intención de Pablo.

Aunque Pablo era el promotor de esta ofrenda, él mismo evitó entrar en contacto físico con la misma; ordenó que se acumule previamente a su llegada, y asignó a otro creyente de confianza para llevar el donativo.

Nuevamente observamos que la práctica de la redistribución se fortalece, y ahora es parte de la instrucción dada por Pablo, él cita a Éxodo 16:18: “El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos.”

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Es en el contexto de esta ofrenda para los necesitados en Jerusalén que Pablo plantea el siguiente reto en 2da Corintios 9:6:

El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

Notemos de este verso que la ofrenda no es un porcentaje ni una cantidad fija. Un creyente en el momento de decidir cuánto ofrendar, y según ha prosperado, tenía dos opciones: hacerlo escasamente o hacerlo generosamente; como resultado de hacerlo generosamente obtendrá en el futuro una cosecha generosa; y si por el contrario, decide ofrendar escasamente, no sería maldecido, ni tildado de ladrón, sino simplemente que su cosecha en el futuro también sería escasa. El castigo que recibieron Ananías y Safira² no fue por la cantidad ofrendada, sino por mentir al Espíritu Santo.

Pablo además resume la correcta actitud del creyente al ofrendar para los necesitados, en 2da Corintios 9:7:

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.

1. La cantidad a ofrendar debía salir del corazón, es decir de la voluntad de un corazón movido hacia la escasez de sus hermanos, no por una tristeza lastimera, sino por el gozo de practicar el amor al prójimo.

2. No por obligación o necesidad, es decir que nadie se lo estaba exigiendo, como en la religión judía; ni tampoco se llevaría la cuenta de su aporte; se esperaba que la ofrenda sea la reacción natural de un corazón que conoce a Dios y por lo tanto le ama, y ama a su prójimo como a sí mismo.

2da Corintios 9:10-12:

Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.

Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios.

Los versos estudiados aquí, de 1ra y 2da de Corintios, son usados algunas veces el día de hoy para explicar la disciplina del diezmo, esto es incorrecto pues Pablo los escribió para instruir sobre las ofrendas.

Cuestionario – La ofrenda a los santos

¿Por qué Pablo estaba promoviendo una ofrenda entre las iglesias?

¿Cómo debían los creyentes establecer la cantidad de dinero a ofrendar?

¿Por qué Pablo no quería involucrarse directamente con la recolección y traslado de la ofrenda colectada?

¿Cuáles son los elementos de la actitud del creyente al ofrendar?


¹ Los santos son todos los creyentes, hechos santos en Cristo. No es una categoría especial o superior de creyentes. Efesios 2:19; Filipenses 1:1.
² Ananías y Safira: Hechos 5:1-10

 

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1 – La economía de la primera iglesia

Parte I – La ofrenda en el Nuevo Pacto

1 – La economía de la Primera Iglesia

El Nuevo Pacto¹ se inició con el sacrificio de Cristo Jesús, y luego de su resurrección, su iglesia nació con la llegada del Espíritu Santo. Ese día de Pentecostés, luego de la predicación de Pedro, recibieron la palabra como tres mil personas; la primera comunidad de los creyentes estaba conformada por judíos de diferentes nacionalidades, quienes además de cumplir con las obligaciones de su religión judía en el templo (templo judío), se empezaron a reunir en las casas, allí compartían su nueva vida, y el crecimiento continuaba cada día.

Por un momento dejemos nuestra cultura del siglo XXI en la cual el dinero ha llegado a ser la parte central de todas las actividades de la vida; el consumismo y el estrés son síntomas de que todo gira alrededor de la economía, dejemos esto y trasladémonos en nuestra imaginación a la cultura de ese tiempo; la economía no era la parte central de la vida de los habitantes de Judea, sino las relaciones sociales; no estoy tratando de minimizar el desprendimiento de los primeros creyentes, sino pretendo que a partir de ahora y en los siguientes capítulos, podamos de alguna manera embarcarnos en un viaje imaginario que nos sitúe en ese tiempo y cultura, y por medio del cual podamos sentir y palpar las experiencias de estos primeros cristianos.

Entre las relaciones sociales, el vínculo más fuerte era la familia, los judíos estaban dispuestos a dar para proveer las necesidades de algún familiar cuando este estaba enfermo o caía en desgracia. Luego estaba el reconocimiento público, la satisfacción del aplauso era importante, y esto se lograba por el estatus religioso y de servicio. Los más prósperos económicamente eran los ganaderos y agricultores, los que poseían ganados y tierras; los más educados e influyentes eran los religiosos. Más del 90% de la gente vivía en el campo, y sólo una pequeña minoría en las ciudades, y los que se dedicaban a las profesiones artesanales eran parte de esta minoría; no existía aún la industria.

Recomiendo leer el libro de Hechos, capítulos 3 al 6, es extenso copiarlo todo aquí, pero su lectura es indispensable para fortalecer su estudio.

Los apóstoles –así como todos los nuevos creyentes- siguieron practicando la religión judía, incluyendo la circuncisión, las normas en cuanto a la comida, el diezmo, etc.; en el templo ellos eran considerados un nuevo partido ante los ya existentes, fariseos, saduceos, zelotes, etc.; y por su cantidad y fervor eran considerados peligrosos por las autoridades religiosas; lo cual provocaba que fueran hostilizados, perseguidos, detenidos, y hasta muertos; en los capítulos siguientes a Hechos 6 se narra la muerte a pedradas de Esteban, y luego la actividad de Saulo –llamado luego Pablo- como perseguidor de cristianos. Con el paso del tiempo la situación empeoró cuando el Imperio Romano los declaró proscritos y los condenó a morir en los coliseos devorados por las fieras; eso los obligó a reunirse clandestinamente y en las catacumbas; pero no nos adelantemos tanto.

En Hechos capítulo tres se narra que mientras Pedro y Juan iban al templo a la hora de la oración², Dios les usó para sanar a un cojo, lo cual provocó la reacción de los religiosos. Pedro y Juan fueron apresados y liberados al siguiente día. Con estos eventos se añadieron cinco mil nuevos creyentes a la iglesia, es decir ya había una comunidad de creyentes de más o menos ocho mil personas. Cuando los creyentes se reunían en las casas, compartían la comida con alegría y sencillez, y para ayudar a los necesitados, vendían sus propiedades y el dinero obtenido lo ponían a los pies de los apóstoles (entregado a ellos en presencia de todos) y era repartido entre los necesitados, de manera que sus necesidades eran cubiertas.

¿Por qué lo hacían? ¿Por qué ese desprendimiento? Estaban llenos del Espíritu Santo, del mensaje de Jesús, quien se despojó de todo, y también dijo al joven rico, lo cual lo desanimó, “vende lo que tienes, y dalo a los pobres”, pero ahora ellos impregnados del Espíritu y de amor, con facilidad lo hicieron. Jacobo que luego llegó a ser el pastor de esta iglesia en Jerusalén dijo años más adelante: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.

La mega-iglesia de Jerusalén

En Hechos 6:7 dice “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe.”, ¡ya eran ocho mil y el número se multiplicaba grandemente!, haciendo un hipotético ejercicio matemático, podríamos decir que un día eran 8 mil, ¿y la siguiente semana?, ¿se multiplicaban por dos? ¡No!, eso no es grandemente; ¿por cuatro?; bueno, hagamos el ejercicio usando el múltiplo 4, en un mes de 4 semanas, se habrían multiplicado por 256 (4 x 4 x 4 x 4), es decir ¡más de 2 millones de personas!; sí que era una megaiglesia; tal vez exageré al usar la semana como unidad de tiempo y fui muy literal con el término multiplicar; pero varios eruditos creen que la primera iglesia llegó a tener cien mil creyentes.

La comisión de diáconos

Así como el número de creyentes se multiplicó grandemente, ¡también los necesitados!, entre ellos las viudas, al punto que hubo murmuración entre los de origen griego contra los hebreos por causa de la distribución de la ofrenda entre las viudas de aquellos. Los apóstoles convocaron a la multitud para elegir una comisión –años después se les identifica como diáconos- que se encargue de resolver este problema, para que ellos –los apóstoles- no fueran distraídos del ministerio espiritual de la palabra. Esta comisión recayó en siete varones quienes llenos del Espíritu Santo y de fe pudieron dedicarse a recibir las ofrendas y administrarlas entre los necesitados.

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Hasta este punto vemos que la comisión administraba el dinero recibido distribuyéndolo íntegramente entre los necesitados. No se menciona aún la existencia de ancianos o pastores; y cada uno de los apóstoles tenía su profesión de manera que no hay un indicio que nos lleve a pensar de que por su ministerio en la palabra ellos recibían algo a cambio; tampoco se necesitaba dinero para la adquisición o mantenimiento de edificios u otros gastos relacionados³. Esto cambiaría años más tarde, pero lo que indico en este capítulo es la situación a las pocas semanas de iniciada la iglesia.

Debo mencionar aquí que para los creyentes la ofrenda era voluntaria y adicional al sistema de la ley judía, es decir que por un lado tenían obligaciones impositivas, como el diezmo, la ofrenda, y otros, de la ley, de las cuales no podían escapar, y que conformaban el tributo para mantener todo el sistema religioso y civil de la nación, puesto que eran entregados a los levitas, quienes además de hacer labores religiosas, hacían labores desde guardia, hasta administración judicial y civil; debido a que Israel era una teocracia, es decir una religión y un estado al mismo tiempo. Esto era como el impuesto que actualmente tenemos que entregar a la administración tributaria de nuestro país. Y por otro lado adicionalmente los creyentes daban su ofrenda voluntariamente a la comisión de la iglesia para atender a los necesitados.

Es necesario anotar aquí que se acaba de producir una comunidad que practica la redistribución, es decir los que más tienen se despojan de sus excesos para proveer a los que necesitan; y de manera voluntaria; tal vez no era la primera vez en la historia que aparece una comunidad que practica la redistribución, pero sí la primera en que la caridad se hace desinteresadamente. Funcionó, y a pesar del fingimiento de Ananías y Safira (Hechos 5:1-10), castigado por el Espíritu Santo, la práctica real del amor, sin compromiso, es algo que nunca antes ni después –que yo sepa- ha ocurrido, salvo en las utopías.

En todo lo descrito en este capítulo no encontramos instrucción, sino el relato de las experiencias de los primeros cristianos en cuanto a las ofrendas.

Cuestionario – La economía de la primera iglesia

De acuerdo a los últimos versículos de Hechos capítulo 2, y los últimos versículos del capítulo 4 ¿Por qué algunos creyentes vendían sus propiedades?

La iglesia en sus primeros días estuvo compuesta de creyentes judíos; ¿seguían practicando ellos su religión mientras eran cristianos?

De acuerdo a Hechos capítulo 6, ¿por qué se eligió una comisión de siete varones?


¹ Nuevo Pacto: Nueva Alianza: Lucas 22:20
² La hora novena (3 de la tarde), la hora de la oración en el rito judío
³ Historia de la Iglesia – Henry H. Halley – El primer edificio para iglesia se hizo en el reinado de Alejandro Severo (222-235 D.C.). Después del edicto de Constantino (313 D.C.), comenzaron a hacerse en todas partes.

 

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Premisa tres – El contexto

Este punto es muy conocido, muy usado para desacreditar opiniones contrarias, y no tanto para evaluar las propias; con descuido podría convertirse en una viga en nuestro propio ojo:

No debemos sacar un texto fuera de su contexto; un texto fuera de su contexto es un pretexto.

Ante cada pasaje bíblico debemos responder a varias preguntas, ¿qué?, ¿quién?, ¿para quién?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿por qué?, ¿cómo?, ¿qué quería decir el autor? ¿cómo era la cultura en ese entonces?; para responderlas adecuadamente tenemos que estudiar el pasaje completo, y no solo el verso que contiene los elementos a estudiar. Si por el uso de las dos premisas anteriores puedes ser etiquetado de biblicista o literal; el estudiar el contexto de cada pasaje, te permite superar la mala aplicación del mismo.

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En Hechos capítulo 3, Pedro y Juan son usados por Dios para sanar al cojo; y se hacen varias declaraciones, por ejemplo:

Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. ¿A qué templo subían?

Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. ¿Quién pidió limosna a Pedro y Juan?

Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. ¿A quién se lo dijo?

El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. ¿Quién lo dijo? ¿A quiénes se lo dijo?

Como se puede apreciar en estos versículos y las preguntas, usted tiene que revisar el contexto para poder contestar correctamente. En este caso la motivación y el alcance de cada sentencia son claros y fuera de discusión, y es difícil sacar el texto fuera de su contexto; sin embargo nos sirve como ejercicio para afirmar la premisa. De la misma manera debemos tener cuidado al estudiar cualquier pasaje de la Biblia.

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Premisa dos – La instrucción

Cuando estudiamos algún tema en la palabra de Dios encontramos pasajes o capítulos que nos instruyen al respecto, los llamaremos la instrucción bíblica, y también encontramos pasajes históricos, o que relatan hechos respecto al tema. A falta de instrucción bíblica estos hechos o historias nos servirán para formar nuestro criterio respecto al tema; pero si existiera la instrucción bíblica, entonces los hechos solo deben servir para confirmar la instrucción cuando la historia armoniza con ella, o en caso contrario establecer alguna excepción, o para enriquecer la instrucción, pero nunca el hecho o historia puede estar por encima de la autoridad de la instrucción bíblica.

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Por ejemplo, en Mateo capítulo 6 Jesús instruye a sus discípulos acerca de la oración, en el pasaje paralelo de Lucas 11:1 ellos le piden “… enséñanos a orar…”. Jesús les da varias instrucciones:

  • No ore para que los demás le vean; como los hipócritas que aman orar de pie en las sinagogas o en las esquinas de las calles
  • Entre a su aposento (cuarto), cierre su puerta, y ore a Dios en secreto
  • Al orar no use vanas repeticiones, como los gentiles¹ que piensan que la repetición aumenta la posibilidad de ser atendidos
  • Jesús hace una oración, que inicia con “Padre nuestro” como un modelo
  • También da una instrucción sobre el ayuno similar a la primera instrucción de esta lista, luego de ayunar, unge tu cabeza y lava tu rostro, para que los demás no sepan que has ayunado. No como los hipócritas que palidecen y demacran su rostro para demostrar que han ayunado.

Hay otros pasajes con instrucciones sobre la oración, como “orad sin cesar”, pero este no es un estudio de la oración, solo estamos revisando estas instrucciones para entender nuestro punto, la preponderancia de la instrucción.

Ahora veremos un pasaje donde se relatan hechos relacionados con la oración; en Hechos 4 se narra que luego haber sanado al cojo (capítulo 3), Pedro y Juan fueron apresados por una noche, y al día siguiente fueron llevados ante las autoridades y ante la presión de los creyentes, que ya eran miles, fueron puestos en libertad; entonces se reunieron con los demás creyentes y todos unánimes hicieron una oración en voz alta, “Soberano Señor…”, luego de orar el lugar tembló y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

¿No contradice esta oración congregacional a la instrucción de Jesús de orar en secreto? ¿qué debemos hacer? ¿limitar nuestras oraciones a un tiempo personal y privado, o extenderlo también a los momentos en que nos encontremos con otros creyentes? ¿Qué vale más, la garantía de la instrucción bíblica, que enseña que debemos orar en secreto, o la historia garantizada por la manifestación del Espíritu Santo?, ¿están realmente en contraposición?, ¿se somete la historia a la instrucción?, ¿enriquece la historia a la instrucción?

Personalmente encuentro que –de acuerdo a la instrucción- la oración personal es irreemplazable, y que la oración ante otros creyentes debería ser espontánea, como en el caso narrado, y no programada; porque la oración en grupo puede estimular a la actuación, y su calendarización a la rutina, elementos que arruinan el significado de la instrucción original de Jesús.

La Biblia contiene la instrucción de Dios para nosotros. Si Dios quiere instruirnos en algo definitivamente debe estar escrito como instrucción en la Biblia. Si hay algún tema que no está instruido en la Biblia debemos considerarlo muy cuidadosamente; solo en ese caso podremos recurrir a los pasajes que narran eventos históricos; para lo cual deberíamos responder a las siguientes preguntas: ¿Se repite el evento que estamos estudiando bajo un mismo patrón? ¿Son consistentes entre sí estos eventos? ¿Existen otros pasajes en la Biblia que contradigan la enseñanza que buscamos de estos eventos?


¹ Gentil: No judío
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Premisa uno – La fuente de autoridad

Premisas

Si usted estudió en un seminario teológico no es necesario que lea estas premisas, en el curso de Interpretación Bíblica las estudió con mayor profundidad. Debido a que nos servirán a lo largo del estudio he tratado de describirlas e ilustrarlas para que puedan ser fácilmente entendidas.

Premisa uno – La fuente de autoridad

La autoridad en nuestro estudio es la palabra de Dios. Las experiencias de nuestra vida cristiana nos pueden servir para ilustrar pero no como autoridad.

Por ejemplo, un hermano relató un testimonio muy convincente de que por muchos años fue indisciplinado con sus diezmos, y cuando finalmente aprendió que diezmar es la puerta a la bendición de Dios, desde entonces ha sido fiel con sus diezmos, y su economía no solo fue sanada, sino que sus negocios fueron prosperados en una manera extraordinaria.

También está el testimonio de una hermana que habiendo tenido que gastar una fuerte suma de dinero en viajar y cuidar la salud de su padre, se vio imposibilitada de cumplir con sus diezmos; luego que su padre partió a la presencia del Señor, decidió ponerse al día con sus diezmos, pero al hacerlo no pudo honrar sus compromisos de pago con diferentes tarjetas de crédito; y finalmente no ha podido cumplir ni con sus diezmos, ni deshacerse de la enorme deuda crediticia y sus intereses.

Además, tenemos el testimonio de un pastor que inició una nueva obra, contando con poco apoyo económico, pero él y su esposa tuvieron la convicción de que en la nueva iglesia no establecerían el diezmo como una obligación porque no lo consideraban correcto. Dios prosperó su ministerio y les permitió en base a las ofrendas comprar un templo, y además proveyó para su familia, permitiéndoles criar y educar a sus hijos y verlos convertirse en profesionales cristianos todos involucrados en el ministerio del evangelio.

fuente_autoridad¿Qué podemos aprender de estos testimonios?, probablemente varias cosas, pero para que nuestro estudio sea riguroso, no le daremos a ninguna de esas experiencias alguna validez o grado de autoridad.

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Introducción

El maestro del estudio bíblico lo dijo a media voz, mientras los alumnos llegábamos y ocupábamos nuestros asientos, “Hoy estudiaremos sobre el diezmo, algo que ni yo cumplo”.

Nuestras miradas se encontraron inmediatamente, él sonreía. Yo estaba pasmado. Esos segundos han quedado grabados en mi mente en cámara lenta. Creo que él se sentía feliz de haber sido honesto, aunque probablemente yo fui el único que lo escuché, pero creo que eso le bastó a él para descargarse y poder dirigir la reunión más relajado. Luego estudiamos las escrituras, era un tipo de reunión abierta al debate, pero se dijeron tantas cosas fuera de su contexto bíblico, y se repitieron varios mitos escuchados por allí, que eso me empujó a volver a revisar las escrituras en los días siguientes, y finalmente escribir este pequeño tratado sobre el tema.

Desde muy joven me he encontrado en encrucijadas parecidas, por un lado la enseñanza tradicional recibida y por otro lado la palabra de Dios; aprendí que la mejor manera para salir de esa encrucijada era enfrentar el tema desde la raíz. Primero, poner en duda todo lo aprendido, excepto la palabra de Dios; derribar toda estructura en mi mente sobre el tema, y luego volver a empezar de cero, solamente construyendo sobre bases sólidas y con ladrillos ciertos y bien cimentados.

Este estudio está a dirigido a creyentes no teólogos, mientras lo he ido desarrollando he enfrentado algunos puntos que requieren de un estudio más profundo, y por su extensión se han quedado en el tintero, de manera que estoy planeando escribir en el futuro un libro más extenso y profundo sobre el tema.

He escuchado varios sermones y leído estudios acerca del tema, y la mayoría de ellos empiezan por el Antiguo Testamento; aquí lo haremos de una manera diferente. ¿Por qué? Hace algunos meses escuché una ilustración expuesta por mi pastor acerca de lo verdadero. Esta ilustración consiste en explicar que a los empleados de un banco se les entrenaba para poder diferenciar los billetes verdaderos de los falsos, ¿en qué consistía ese entrenamiento?, ¿en enseñarles las características de los billetes falsos?, no, por el contrario, se les enseñaba a identificar las características de los billetes verdaderos, de manera que hasta con los ojos cerrados ellos podrían reconocer un billete verdadero; el riesgo de enseñarles las características de los billetes falsos, es que cada falsificador imprimiría billetes con diferentes características, y falsificaciones nuevas se hacían con frecuencia.orden_testamentos

No quiero decir que las instrucciones del Antiguo Testamento son falsas o carentes de valor, no es así; el Antiguo Testamento es muy importante para los cristianos (Romanos 15:4, 1ra Corintios 10:11), pero creo que mucha de la instrucción en las iglesias respecto al dinero está basada innecesariamente en el Antiguo Testamento, como si no existiera instrucción específica en el Nuevo Testamento. Si conocemos bien la instrucción para los creyentes del Nuevo Pacto, será más fácil identificar lo que no es compatible con esa instrucción. El conocer lo verdadero le dará a usted libertad; los judíos creían que por ser descendientes de Abraham eran libres, pero Jesús les hace ver que son esclavos del pecado, y que la verdadera libertad viene por conocerle a Él. Juan 8:31: Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Probablemente al no usar el orden cronológico para este estudio me expongo a la crítica, es cierto. Si usted desea estudiar más a fondo el tema podría leer la Biblia completa desde Génesis a Apocalipsis, y le aseguro que tampoco lo habrá hecho en orden cronológico. ¿Qué hacemos para ayudar a un creyente nuevo a conocer a Dios por medio de su palabra?, ¿le recomendamos leer todo el Antiguo Testamento antes del Nuevo?, no, de seguro se rinde en los primeros capítulos de Levítico, sino lo hizo ya antes; ¿qué hacemos? Le recomendamos el evangelio de Juan, o el de Lucas, ¿por qué? Porque allí conocerán a Jesús -la verdad- y la verdad les hará libres.

Al leer las enseñanzas de Jesús en los evangelios encontramos que él frecuentemente usaba el orden cronológico para sus enseñanzas, por ejemplo en el sermón del monte, oísteis que fue dicho, citaba al Antiguo Testamento, pero yo os digo y dictaba su enseñanza (Mateo 5:21). También cuando ya resucitado se encontró con los discípulos camino a Emaús (Lucas 24:13), les habló … y comenzando desde Moisés….

Pero esto no es una norma, miremos por ejemplo el sermón de Pedro en Hechos 3, luego de que el cojo fue sanado. Inicia hablando de Jesús, luego de los profetas, luego de Moisés, y finalmente de Abraham, es decir en el orden cronológicamente inverso. Así que, estimado lector, no tropiece con este detalle fuera de lo tradicional y acompáñeme.

A lo largo del estudio me referiré a las enseñanzas en la ley dada a Moisés como “el diezmo de la Ley”, para diferenciarlo no sólo de las ofrendas del Nuevo Pacto, sino también de las ocasiones en que el Antiguo Testamento habla del diezmo previo a la ley dada a Moisés.

Este pequeño libro está orientado para el estudio personal del creyente, por eso al final de cada capítulo hay un cuestionario que podrá responder si desea reforzar su entendimiento del estudio, y al final de cada parte hay una sección de preguntas frecuentes. Sin embargo, he establecido las partes y capítulos con cuestionarios pensando que quizás algún maestro quisiera usarlo en un grupo de estudio. Estimo que cada capítulo puede ser cubierto en un tiempo de entre 30 y 45 minutos.

La traducción usada en los textos bíblicos es la Reina Valera Revisión 1960, a menos que se indique otra versión.

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