5 – Conclusiones y Preguntas Frecuentes sobre la Ofrenda en el Nuevo Pacto

Las siguientes conclusiones están intencionalmente clasificadas y ordenadas para poder compararse con las conclusiones de las siguientes secciones del libro; esa comparación se presenta en el capítulo 15 Conclusiones y Mitos.

La ofrenda en el Nuevo Pacto

• Es voluntaria.
• Hay instrucción sobre ella.
• Es realizada por los creyentes.
• Está motivada por la necesidad de otros creyentes y el sustento de los ministros.
• Consiste en dinero.
• La cantidad es conforme haya prosperado.
• La frecuencia es semanal.
• Los destinatarios son los creyentes necesitados de la misma iglesia y de otras iglesias, también los ministros del evangelio.
• Los ministros que gobiernen bien deben recibir doble sustento.

En este punto creo que es importante resaltar que ya hemos satisfecho el motivo de haber empezado estudiando el Nuevo Pacto antes que el Antiguo; tenemos ya formada en nuestra mente la ideal e insuperable manera como la economía de la iglesia del primer siglo funcionaba. Para esto he creído conveniente escribir una cartilla que al final sería como un credo con respecto a todo este tema. Hasta este punto la cartilla, que he llamado “Abecé del dador alegre” –e iré incrementando mientras avanzamos con las conclusiones- contiene las siguientes declaraciones:

DOY OFRENDAS A MI IGLESIA

Para ayudar a los necesitados
Para sostener los pastores
Para el avance del evangelio
Según he prosperado
Con regularidad y con alegría.

NO

No doy por obligación, o para callar mi conciencia, ni buscando aprobación de otros

Preguntas frecuentes

¿No se reunían los primeros creyentes en un templo?

Los creyentes judíos se reunían en el templo judío para cumplir con su religión, de igual manera iban a las sinagogas; pero las reuniones exclusivas con otros creyentes –durante los primeros años- se realizaban en casas, obviamente que no se podían reunir ocho mil personas en una sola casa, por lo tanto se presume que cuando el autor de Hechos dice que se reunían en “casas” (Hechos 2:46) se refería a que se reunían en una red de casas, de manera que no todos se congregaban en la misma casa.

A diferencia de la religión judía, los primeros creyentes tenían claro que no habían recibido ninguna indicación de Jesús de construir u ocupar un edificio especial para sus reuniones; al reunirse en casas lo hacían para partir el pan, y compartir la palabra.

Lean lo que dijo Esteban con respecto al templo, en Hechos 6:48-50

Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?

Y lo que dijo Pablo en Hechos 17:24-25

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

Según Henry H. Halley en ‘Historia de la Iglesia’, el primer edificio para iglesia se hizo siendo emperador Alejandro Severo (222-235 D.C.). Después del edicto de Constantino (313 D.C.), comenzaron a construirse templos en todas partes.

¿Jesús no apoyó el diezmo? ¿Las enseñanzas de Jesús no forman parte de esta primera parte?

Recuerde que el Nuevo Pacto se inicia con la muerte de Jesús, de modo que los tres pasajes que estudiaremos corresponden al antiguo pacto:

• La instrucción de Jesús en Mateo 6, sobre la limosna.
• El comentario de Jesús acerca de la ofrenda de la viuda, en Marcos 12 y Lucas 21.
• El comentario de Jesús sobre que los religiosos debían practicar el diezmo al mismo tiempo que la justicia y misericordia, en Mateo 23.

Estos pasajes serán estudiados en la segunda parte.

La ausencia de enseñanza de los apóstoles sobre el diezmo, ¿no indica que era una costumbre que debía continuar?

Es un argumento lógico, y podría ser valedero siempre y cuando la iglesia hubiera continuado estando compuesta siempre de solo judíos, es decir creyentes que desde niños habían sido enseñados en la ley mosaica, y por lo tanto conocían las demandas de la ley acerca del diezmo; sin embargo, al haberse extendido el evangelio a los gentiles, quienes no tenían conocimiento profundo de la ley, hubiera sido necesario instruirles en todo aquello que fuera desconocido para ellos. Varias de las cartas de Pablo fueron escritas a iglesias en Asia y Europa, compuestas en su gran mayoría por creyentes no judíos. La ausencia de enseñanza específica sobre el diezmo, y la presencia explícita de enseñanza sobre las ofrendas, demuestra que el diezmo no fue practicado por los primeros creyentes.

¿No apoyó Pablo el recojo de diezmos cuando dijo en 1ra Corintios 9 que así como los que sirven al altar, del altar participan, los que anuncian el evangelio deben vivir del evangelio?

En 1ra de Corintios 9, estudiado en el capítulo anterior, Pablo dice:

¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.

Pablo menciona que los Levitas vivían “del templo” obviamente se refería a los diezmos y ofrendas de la ley, pero el símil que Pablo usa, es del origen del sustento, no de la forma del mismo. Pablo hace la comparación para indicar que los que son servidos son los que deben sustentar al que sirve. En el caso del templo, los hijos de Israel eran servidos por los levitas, por lo tanto el sustento de los levitas debía venir de los diezmos de los hijos de Israel; en el caso de la iglesia, los creyentes son servidos por los que anuncian el evangelio, y por lo tanto deben sustentarlos.

Hay que recordar que en ese momento el sistema religioso judío seguía operando y los judíos seguían cumpliendo con sus obligaciones, entre ellas el diezmo, pero no lo hacían en la congregación de creyentes, sino en el templo judío.

Pablo escribió 13 cartas (epístolas) y en todas da instrucciones detalladas de muchos aspectos de la vida cristiana; pero en ninguna de ellas menciona el diezmo. El define su vida antes de Cristo como fariseo, perseguidor de cristianos, en cuanto a la ley irreprensible; pero todo cambió por el amor de Cristo: Filipenses 3:7-9:

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.

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