¿Es confiable el texto del Nuevo Testamento?

Por Greg Koukl – 4 de Febrero del 2013

Traducido del sitio “Stand to reason” http://www.str.org

La frase “La Biblia ha sido traducida y vuelta a copiar tantas veces…” introduce una de las falsedades más comunes lanzadas a los cristianos cuando citan la Biblia. ¿Podemos saber con certeza que el Nuevo Testamento ha sido transmitido con precisión? Sí, podemos.

En 1989 el famoso programa de Larry King entrevistó a Shirley MacLaine sobre la Nueva Era. Cuando una persona cristiana criticó su punto de vista citando al Nuevo Testamento, MacLaine le restó importancia objetando que la Biblia ha sido modificada y traducida tantas veces en los últimos dos mil años que es imposible tener alguna confianza en su exactitud. King se apresuró a endosar sus “hechos”. “Todo el mundo sabe eso”, dijo [1].

Esta apelación al conocimiento común es suficiente para satisfacer al típico sujeto que es crítico del Nuevo Testamento. Es una apelación al juego “teléfono malogrado” para demostrar cómo esta objeción es razonable. Susurrar un mensaje al oído de una persona y transferirlo de persona a persona, de oído a oído, en un círculo de personas. Luego comparar la forma final del mensaje contra el original. La transformación radical de la frase original en un período tan corto de tiempo siempre genera algunas risas. Esta comparación es suficiente para convencer a los casuales escépticos de que los documentos del Nuevo Testamento son igualmente no fiables.

El argumento en contra de la fiabilidad de los textos del Nuevo Testamento es simple de elaborar. ¿Cómo podemos saber que los documentos que actualmente poseemos pueden reflejar con precisión los originales destruidos hace casi dos milenios? La comunicación nunca es perfecta; la gente comete errores. Los errores se agravan con cada generación y así sucesivamente, al igual que el mensaje en el juego del teléfono malogrado. Luego que han pasado dos mil años, nadie puede adivinar lo que el original decía.

Es fácil plantear el problema, y algunos pueden pensar que la simple mención de la objeción hace que el argumento sea en sí convincente. Sin embargo, ofrecer pruebas que lo soporten es más difícil.

Por lo general, la denuncia la plantean personas que tienen poco conocimiento del verdadero problema. En casos como este, una apelación al conocimiento común es más a menudo una apelación a la ignorancia común. Al igual que muchas preguntas sobre el cristianismo, esta objeción es repetida por personas que no han recibido la información correcta.

Solo los hechos, señora

La cuestión de la autenticidad no es realmente una preocupación religiosa en absoluto; es académica. Se puede responder de una forma académica totalmente ajena a las convicciones espirituales por una simple apelación a los hechos, una técnica de deliberación que yo llamo “Solo los hechos, señora.”

La objeción a primera vista es convincente. Cuando tratamos de conceptualizar cómo reconstruir un original después de dos mil años de copia, traducción, y un poco más de copia, la tarea parece imposible. El escepticismo, sin embargo, se basa en dos conceptos erróneos acerca de la transmisión de documentos antiguos, como es el Nuevo Testamento.

La primera suposición es que la transmisión es más o menos lineal, como en el ejemplo del teléfono – una persona que comunica a una segunda que a su vez se comunica con una tercera, etc. En un paradigma lineal hay mucha gente entre el mensaje original y el actual que no es considerada. En segundo lugar, el ejemplo del teléfono malogrado depende de la transmisión oral, la cual es distorsionada y mal interpretada con más facilidad que algo escrito.

Ninguna de estas suposiciones se aplica al texto escrito del Nuevo Testamento. En primer lugar, la transmisión no fue lineal sino geométrica – por ejemplo, una carta dio a luz a cinco copias que se convirtieron en 25 que se convirtieron en 200 y así sucesivamente. En segundo lugar, la transmisión en cuestión fue hecha por escrito y manuscritos escritos pueden ser probados de una manera en que las comunicaciones orales no pueden ser probadas.

La reconstrucción de la receta de la tía Sally

Permítanme ilustrar cómo una prueba de este tipo puede ser hecha. Le ayudará a ver cómo los investigadores pueden reconstruir con confianza el texto de copias manuscritas existentes a pesar de que las copias mismas tienen diferencias y son mucho más antiguas que el autógrafo (es decir, el original).

Finja que su tía Sally tiene un sueño en el que ella se entera de la receta del elixir de la juventud. Cuando se despierta, ella garabatea las instrucciones en un trozo de papel, luego corre a la cocina para beber su primer vaso. En pocos días su apariencia se transforma. Sally es una imagen de la juventud radiante debido a su dosis diaria de lo que viene a ser conocido como “salsa secreta de la tía Sally.”

Sally está tan emocionada que envía instrucciones escritas a mano a sus tres socios (la tía Sally se encuentra todavía en el oscurantismo tecnológico – no fotocopiadora) con instrucciones detalladas sobre cómo hacer la salsa. Ellos, a su vez, hacen copias que cada uno envía a diez de sus propios amigos.

Todo va bien hasta que un día el perrito de la tía Sally se come la copia original de la receta. Sally está fuera de sí. En una situación de pánico se pone en contacto con sus tres amigos quienes misteriosamente también han sufrido percances similares. Sus copias se han ido, también, por lo que la alarma se propaga a sus amigos en un intento por recuperar el texto original.

Finalmente completan todas las copias manuscritas sobrevivientes, veintiséis en total. Cuando las tendieron en la mesa de la cocina, se dan cuenta inmediatamente de algunas diferencias. Veintitrés de las copias son exactamente lo mismo. Una tiene una palabra mal escrita, una tiene dos frases invertidas (“mezclar luego picar” en lugar de “picar luego mezclar”) y una incluye un ingrediente que ninguna de las otras tiene en su lista.

Aquí está la pregunta crítica: ¿Cree usted que la tía Sally puede reconstruir con precisión su receta original? Por supuesto que puede. Las palabras mal escritas se pueden corregir fácilmente, la frase invertida solo necesita ser reparada, y el ingrediente adicional puede ser ignorado.

Incluso con más numerosas o más diversas variaciones, el original todavía puede ser reconstruido con un alto nivel de confianza, dada la evidencia textual correcta. Las faltas de ortografía serían errores obvios, las inversiones se destacan y fácilmente son restauradas, y se concluye de que es más probable que una palabra o frase sea añadida accidentalmente a un solo ejemplar que omitida de muchos.

Esto, en forma simplificada, es como funciona la ciencia de la crítica textual. Los críticos textuales son académicos que reconstruyen un original inexistente a partir de los manuscritos existentes que están muchas generaciones adelante del autógrafo original. Según el estudioso del Nuevo Testamento F.F. Bruce, “Su objetivo es determinar, con la mayor exactitud posible, desde la evidencia disponible, las palabras originales de los documentos en cuestión” [2].

La ciencia de la crítica textual se utiliza para probar todos los documentos de la antigüedad -no sólo los textos religiosos- incluyendo escrituras históricas y literarias. No es una empresa teológica basada en la esperanza de azar y conjeturas; es un ejercicio lingüístico que sigue un conjunto de reglas establecidas. La crítica textual permite a un crítico despierto determinar el alcance de la posible corrupción de cualquier trabajo.

¿Cuántos y cuán viejos?

La capacidad de cualquier estudioso de hacer crítica textual efectiva depende de dos factores. En primer lugar, ¿cuántas copias existentes hay para examinar y comparar? ¿hay dos copias, diez, cien? Cuantas más copias haya, más fácil es hacer comparaciones significativas. En segundo lugar, ¿cuán cerca en el tiempo están los documentos existentes más antiguos con el original?

Si los números son pocos y el intervalo de tiempo es amplio, el original es más difícil de reconstruir con confianza. Sin embargo, si hay muchas copias y las copias más antiguas existentes son razonablemente cerca en el tiempo a la original, la crítica textual puede estar más segura que ha identificado el texto exacto del autógrafo.

Para tener una idea de la importancia de la evidencia de los manuscritos del Nuevo Testamento, tenga en cuenta por un momento el registro de textos no bíblicos. Se trata de textos seculares de la antigüedad que han sido reconstruidos con un alto grado de certeza sobre la base de la evidencia textual disponible.

El importante documento del primer siglo “La Guerra de los Judíos”, del aristócrata e historiador judío Josefo, sobrevive en sólo nueve manuscritos completos que datan del siglo 5 -cuatro siglos después de que fueron escritos [3]. “Anales del Imperio Romano” de Tácito es una de los principales fuentes históricas para el mundo romano de los tiempos del Nuevo Testamento, sin embargo, sorprendentemente, sobrevive en forma parcial en sólo dos manuscritos que datan de la Edad Media [4] . “La historia” de Tucídides sobrevive en ocho copias. Hay diez copias de “Guerra de las Galias” de César, ocho copias de la Historia de Heródoto, y siete copias de Platón, todos fechados en más de un milenio después del original. La Ilíada de Homero tiene la más impresionante evidencia de los manuscritos para cualquier trabajo secular con 647 copias existentes [5].

Los comentarios de Bruce ponen la discusión en perspectiva: “Ningún erudito clásico escucharía un argumento de que la autenticidad de Heródoto o Tucídides está en duda debido a que los primeros manuscritos de sus obras que son de alguna utilidad para nosotros, son de más de 1300 años más tarde que los originales” [6].

Para la mayoría de los documentos de la antigüedad existe solo un puñado de manuscritos, algunos frente a una diferencia de tiempo de 800 a 2000 años o más. Sin embargo, los eruditos están seguros de la reconstrucción de los originales con algún grado significativo de la precisión. De hecho, la práctica totalidad de nuestro conocimiento de la historia antigua depende de documentos como estos.

La evidencia del Manuscrito Bíblico

En comparación con los textos seculares, la evidencia de los manuscritos del Nuevo Testamento es impresionante. ¡El recuento más reciente (1980) muestra 5.366 manuscritos griegos independientes representados por fragmentos tempranos, códices unciales (manuscritos en letras mayúsculas griegas encuadernados en forma de libro), y minúsculas (pequeñas letras griegas en estilo cursiva)! [7].

Entre los casi 3.000 fragmentos minúsculos están 34 Nuevos Testamentos completos de los siglos 9 al 15 [8].

Manuscritos unciales proporcionan códices prácticamente completos (varios libros del Nuevo Testamento unidos en un solo volumen) desde el cuarto siglo, aunque algunos son un poco más tempranos. El Codex Sinaiticus, comprado por el gobierno británico del gobierno soviético en la Navidad de 1933, por valor de 100.000 libras [9], está fechado 340 [10]. El casi completo Códice Vaticano es el más antiguo uncial, fechado entre 325-350 [11]. El Códice Alejandrino contiene el Antiguo Testamento completo y un Nuevo Testamento temprano y está fechado entre finales del siglo cuarto a principios del siglo quinto.

La evidencia más fascinante viene de los fragmentos (en comparación con los códices). El Papiro Chester Beatty contiene la mayor parte del Nuevo Testamento, y está fechado a mediados del siglo tercero [12]. La colección Papiros Bodmer II, cuyo descubrimiento fue anunciado en 1956, incluye los primeros catorce capítulos del Evangelio de Juan y gran parte de los últimos siete capítulos; data del año 200 o antes [13].

El hallazgo más sorprendente de todos, sin embargo, es una pequeña parte del evangelio de Juan 18:31-33, descubierto en Egipto conocido como los Papiros John Rylands. Apenas de tres centímetros cuadrados, representa la copia más antigua de cualquier parte del Nuevo Testamento. Los papiros se datan por razones paleográficas en alrededor de entre 117-138  (aunque puede ser incluso antes) [14], lo que demuestra que el Evangelio de Juan se distribuyó en lugares tan lejanos como Egipto dentro de los 30 años de su composición original.

Tenga en cuenta que la mayoría de los papiros son fragmentarios. Solo alrededor de 50 manuscritos contienen todo el Nuevo Testamento, aunque la mayoría de los otros manuscritos contienen los cuatro evangelios. Aun así, la evidencia textual manuscrita es sumamente rica, especialmente en comparación con otras obras de la antigüedad.

Versiones antiguas y Citas patrísticas

Otros dos controles cruzados sobre la exactitud de los manuscritos permanecen: las versiones antiguas y las citas de los Padres de la iglesia primitiva conocidas como “Citas patrísticas.”

Al principio de la historia de la Iglesia griega, documentos, incluyendo las Escrituras, fueron traducidos al latín. Por los siglos tercero y cuarto el Nuevo Testamento fue traducido al copto, siríaco, armenio, georgiano, etc. Estos textos ayudaron a misioneros a llegar a nuevas culturas en su propia lengua durante la propagación del Evangelio y la expansión de la Iglesia [15]. Las traducciones de los manuscritos griegos (llamadas “versiones”) ayudan hoy a los críticos textuales modernos a responder preguntas sobre los manuscritos griegos subyacentes.

Además, hay antiguas fuentes extra-bíblicas -generalmente catecismos, leccionarios, y citas de los padres de la iglesia- que registran las Escrituras. Paul Barnett dice que “las Escrituras… dieron lugar a una producción inmensa de literatura cristiana primitiva que les citó largamente y, en efecto, las preservó” [16]. Metzger señala el hecho asombroso de que “si todas las demás fuentes de nuestro conocimiento del texto del Nuevo Testamento fueran destruidas, [las citas patrísticas] serían suficiente por sí solas para reconstruir prácticamente todo el Nuevo Testamento” [17].

El veredicto

¿Qué podemos concluir de esta evidencia? El especialista en Nuevo Testamento Daniel Wallace señala que, aunque hay cerca de 300.000 variaciones individuales del texto del Nuevo Testamento, este número es muy engañoso. La mayoría de las diferencias son completamente intrascendentes -errores de ortografía, frases invertidas y similares. Una comparación lado a lado entre las dos principales familias de texto (el texto mayoritario y el texto crítico moderno) muestra un completo acuerdo 98% de las veces [18].

De las diferencias restantes, prácticamente todas permiten una fuerte crítica textual. Esto significa que nuestro Nuevo Testamento es de una pureza textual de 99,5%. En todo el texto de 20.000 líneas, sólo 40 líneas están en duda (alrededor de 400 palabras), y ninguna afecta alguna doctrina significativa [19].

El erudito en Griego D. A. Carson resume de esta manera: “La pureza del texto es de tal naturaleza sustancial de que nada de lo que creemos que es verdad, y nada que se nos manda a hacer, está de alguna manera en peligro por las variaciones” [20].

Este problema ya no es impugnado por los estudiosos no cristianos, y por una buena razón. En pocas palabras, si rechazamos la autenticidad del Nuevo Testamento por razones textuales, tendríamos que rechazar toda obra de la antigüedad y declarar nula cada pieza de información histórica a partir de fuentes escritas antes del comienzo del segundo milenio de nuestra era.

¿Se ha alterado el Nuevo Testamento? El análisis crítico y académico dice que no.


[1] Larry King with Shirley MacLaine, primavera 1989.
[2] Bruce, F. F., The New Testament Documents: Are They Reliable? (Grand Rapids: Eerdmans, 1974), 19.
[3] Barnett, Paul, Is the New Testament History? (Ann Arbor: Vine Books, 1986), 45.
[4] Geisler, Norman L., Nix, William E., A General Introduction to the Bible (Chicago: Moody Press, 1986), 405. Nota: Bruce registra dos copias existentes de este documento (p. 16) pero Barnett reclama que solo hay una (p. 45) y que esa copia única existe en forma parcial. Conservadoramente, he citado a estadísticas de Geisler & Nix.
[5] Metzger, Bruce M., The Text of the New Testament (New York and Oxford: Oxford University Press, 1968), 34. Este número consiste de 457 papiros, 2 unciales y 188 manuscritos minúsculos.
[6] Bruce, 16-17.
[7] Geisler & Nix, 402.
[8] Ibid.
[9] Metzger, 45.
[10] Geisler & Nix, 392.
[11] Ibid., 391.
[12] Ibid., 389-390.
[13] Metzger, 39-40.
[14] Geisler & Nix, 388.
[15] Barnett, 44.
[16] Ibid., p. 46-47.
[17] Metzger, 86.
[18] Wallace, Daniel, “The Majority Text and the Original Text: Are They Identical?,” Bibliotheca Sacra, Abril-Junio, 1991, 157-8.
[19] Geisler and Nix, 475.
[20] Carson, D.A., The King James Version Debate (Grand Rapids: Baker, 1979), 56.
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