15 – Conclusiones y Mitos

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Este cuadro nos muestra comparativamente las conclusiones de nuestro estudio. ¿Cree usted que se puede tomar un poco de aquí y otro poco de allá para establecer una práctica correcta en su iglesia?

Preguntas para los diezmadores

Para los que imitan el diezmo de Abram

¿De cuál guerra obtuvo usted el botín del cual diezma? ¿Ha entregado usted el resto del botín al rey de Sodoma, o al dueño original aun siendo este un pecador en gran manera?

¿En qué momento se realizó, o dónde está el soporte bíblico que explique, la transferencia de poder o título, de Melquisedec al tesorero de su iglesia, para que éste sea el receptor del diezmo?

¿Por qué imita usted el diezmo de Abram, y no imita otras costumbres de él, por ejemplo la circuncisión? Jesús y Pablo fueron circuncidados, y Pablo circuncidó a Timoteo, ¿no es esto más evidencia que el diezmo de Abram?

Para los que imitan el diezmo de la Ley

¿Cada tercer año has sentado en tu mesa al levita, a la viuda, al huérfano y al extranjero, y has comido juntamente con ellos tu diezmo?

¿En qué momento se realizó, o dónde está el soporte bíblico que explique, la transferencia de poder o título, de los levitas al tesorero de su iglesia, para que éste sea el receptor del diezmo? ¿Sabe que el título de levita es hereditario, que ni aun israelitas de otras tribus podían tomarlo?

¿Por qué solo cumple usted con el diezmo de la Ley y no con todas las otras leyes dadas juntamente con esa?

Un poco de historia

La iglesia católica instituyó la práctica del diezmo a partir del Concilio de Macon, Francia en el año 585 D.C. como una obligación, bajo pena de excomunión. En la realidad, y a pesar de que varios concilios posteriores lo han ratificado, mayormente ha sido letra muerta, es decir que casi nadie lo practicaba, y nadie era excomulgado por eso. En algunos países, como España, por un acuerdo entre la iglesia y la monarquía, la iglesia colectaba el 10% lo cual ya incluía el impuesto a la monarquía, luego de colectado era entregado lo correspondiente al rey de España.

En las iglesias evangélicas se empezó a practicar el diezmo durante el siglo XIX; además varias iglesias imitaron esta costumbre del Adventismo que durante el siglo XX tenía un crecimiento sostenido.

La nueva maldición

Como gentiles, tenemos ahora que pagar a la administración tributaria de nuestro país; no necesitamos de fe para hacerlo, pues es obligatorio. Romanos 13:1-7:

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.

Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo. Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra.

Pagamos los impuestos por sometimiento y por causa de la conciencia; los servidores públicos de nuestra nación nos sirven a nosotros, pero también sirven a Dios, nos guste o no.

Recuerde que cuando estudiamos las ofrendas en el Nuevo Pacto, en la primera parte, no encontramos ninguna maldición o castigo por no ofrendar, o por ofrendar escasamente, nada parecido a la maldición del profeta Malaquías en contra de los sacerdotes, levitas y toda la nación de Israel; sin embargo aquí, en el Nuevo Pacto, encontramos que si no pagamos el tributo o impuesto a nuestras autoridades estamos resistiendo a Dios, y acarreamos condenación.

Luego de haber hecho este estudio no encuentro un hilo entre el diezmo de Abram, el diezmo de Jacob y el diezmo de la Ley; tampoco encuentro un hilo entre el diezmo de la Ley y la ofrenda del Nuevo Pacto; pero sí encuentro un hilo entre el diezmo de la Ley y el tributo a las autoridades civiles.

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Mitos sobre el diezmo en las iglesias de hoy

Mito: Se debe diezmar sobre el ingreso bruto

Este mito sugiere que no debemos calcular el diezmo luego de descontar los impuestos (ingreso neto), sino antes (ingreso bruto).

No hay sustento bíblico para decir que el diezmo de Abram o el diezmo de la Ley fueran sobre el ingreso bruto. Primero que ninguno de los dos diezmos fueron sobre ingresos; el de Abram fue sobre un botín de guerra, y el de la Ley fue solo sobre lo producido por la tierra.

Además, en el caso de Abram, primero los hombres que fueron a la guerra comieron de ese botín; y también se podría inferir que Abram dio a sus aliados su parte correspondiente antes de dar el diezmo (no se puede afirmar esto con certitud, pero tampoco lo contrario).

Por último en el caso del diezmo de la Ley, en sí mismo ese diezmo era el impuesto, porque servía para compensar a los levitas, quienes eran los servidores públicos. En la actualidad, nosotros ya pagamos un impuesto a nuestras autoridades a través del ente administrador de los tributos de nuestro país, que es por lo general superior a lo que los hijos de Israel pagaban con el diezmo.

En la actualidad muchas iglesias exigen diezmar sobre el ingreso bruto, lo cual se constituye en una medida discriminatoria en contra del creyente de clase económica baja, puesto que además de que de su ingreso bruto se les descuentan los impuestos y aportes obligatorios a instituciones del estado, también toma de allí para todos los demás gastos como movilidad, vivienda, etc., a diferencia de los ricos, que generalmente tienen empresas -excluidas del diezmo- y a estas se le cargan muchos de los gastos fijos como movilidad, vivienda, educación, etc., quedando su cheque libre de esas cargas. Si el pastor diezma de su sueldo, pero muchos de sus gastos como vivienda, movilidad, etc., son pagados directamente por la iglesia; entonces la disposición de que las empresas no diezman podría ser considerada inmoral si se exije al pobre diezmar sobre su ingreso bruto.

Lo correcto para el creyente es que ofrende generosamente según haya sido prosperado; y como hemos estudiado, la prosperidad no es lo mismo que el ingreso, sino lo mismo que ganancia, que es a final de cuentas la diferencia de los ingresos menos los egresos.

Mito: El diezmo del 10% es un punto de partida

El Nuevo Pacto es superior a la ley del Antiguo Pacto, todo el libro de Hebreos está escrito para concluir en esto. El modelo de dar para los creyentes del Nuevo Pacto es superior y diferente al modelo del diezmo de la Ley. Si usted revisa el cuadro anterior verificará esto, la superioridad es en calidad, no en cantidad; la comparación no es numérica.

Revisemos dos ejemplos, una viuda pobre y un próspero ganadero. En la ley del diezmo la viuda pobre no diezmaba nada, en el Nuevo Pacto tampoco; por tanto el 10% no es su punto de partida.

El próspero ganadero en el diezmo de la Ley entregaba el décimo de las vacas y ovejas nacidas en ese año; en el Nuevo Pacto, entrega dinero en proporción a su ganancia y como en su corazón con alegría se lo proponga; no hay porcentaje, no hay límite superior e inferior; puede que el reto de los necesitados y del avance del evangelio de ese momento le mueva a vender algunas propiedades, y a entregar el dinero a la administración de su iglesia, y que eso supere con creces el 10% de su prosperidad de esa semana; como que puede que no sea así.

En el segundo capítulo de este libro vimos que debido a la gran hambre que vino sobre Judea, Pablo empezó a colectar ofrendas, ¿dónde? ¿acaso en Judea? ¡No!, Pablo no esperaba que los creyentes en Judea con la difícil situación que estaban pasando dieran ofrendas; él solicitó las ofrendas a los creyentes de otras regiones. A veces es la voluntad de Dios que, aunque por mucho tiempo hayas sido un fiel dador, te humilles y recibas la ofrenda de tus hermanos. Recuerda lo que dijo Pablo a los Corintios cuando les solicitó la ofrenda para los de Judea: “Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos”. Es decir que si en el futuro los de Corinto pasaran necesidad, entonces los de Judea les enviarían ofrenda.

Mito: Si no se enseña el diezmo, los ingresos de la iglesia disminuirán

Por cierto, no ignoramos que las mega-iglesias enseñan el diezmo, por ejemplo las tres más grandes de EEUU, Lakewood Church en Houston, Texas, con asistencia de 43 mil semanal; LifeChurch en Edmond, Oklahoma, con asistencia de 26 mil semanal; y Fellowship Church en Grapevine, Texas, con asistencia de 24 mil semanal; todas ellas enseñan a sus miembros a diezmar.

Primero, ¿es la riqueza uno de los objetivos de la iglesia?, no olviden que cuando Pedro y Juan, en Hechos capítulo 3, encontraron al cojo, le dijeron: “No tengo plata ni oro”, ¡los apóstoles no tenían dinero!, ni ellos ni la iglesia; recuerde que los apóstoles recibieron ofrendas, ¡pero no para acumularlas o comprar edificios!, sino para repartirlas entre los necesitados. “¡Pero lo que tengo te doy!”, ¿qué le dieron? ¡El poder de Dios! No estoy diciendo que las mega-iglesias no tengan el poder de Dios, pero este episodio de Pedro, Juan y el cojo, nos enseña que no podemos medir –o comparar- el poder de Dios por el poder económico.

¿Era la primera iglesia una mega-iglesia? ¡Por supuesto! Recuerde que en el capítulo uno estimamos que llegaron a ser 2 millones; y solo recogían ofrendas para los necesitados.

Probablemente si Jesús viviera en este tiempo, condenaría la ostentación de los tremendos negocios que se hacen llamar iglesias, y usan la fe y la ingenuidad de sus miembros para beneficio propio; su indignación sobrepasaría la que le provocaron los escribas, fariseos, y los mercaderes del templo. Los apóstoles del primer siglo no tenían riqueza y vivieron una vida sufrida, vea el apéndice sobre como terminaron sus vidas.

Segundo, ¿cree usted que si los creyentes de su iglesia andan en la verdad y libertad serán prosperados?

Las estadísticas en EEUU muestran que menos del 25% de los creyentes miembros de iglesias diezman, y que de esos diezmadores solo la sexta parte es fiel y regular en sus diezmos. El total diezmado solo fue el 2.38% de sus ingresos en el 2009. El cuadro se completa al conocer que este porcentaje está en decrecimiento por 40 años consecutivos. Ver que los maestros del diezmo se han incrementado grandemente, y al mismo tiempo conocer estas decrecientes estadísticas, me hace concluir que muchos de los creyentes hoy están llenos de frustración y culpabilidad.

La iglesia católica ha emprendido estos últimos meses un movimiento para re-enseñar a sus fieles a diezmar, y admite que sólo un 10% de ellos lo hace.

Si en su iglesia se enseña y practica el diezmo ¿cree que los creyentes lo hacen generosamente? ¿Cree usted que si los creyentes aprenden a practicar la ofrenda del Nuevo Pacto no serán más generosos que antes?

El dar por obligación es una barrera para nuevos creyentes, ¿no cree usted que para un nuevo creyente le será más fácil integrarse a una comunidad que da alegremente y contagiarse de ese espíritu?, y como resultado de esto, ¿no cree usted que el número de creyentes en su iglesia crecería?

Tercero, matemáticas. Multiplique mayor prosperidad por mayor generosidad por mayor número de creyentes, la posibilidad de que el ingreso de una iglesia aumente es grande, pero recuerde, no es misión de la iglesia acumular bienes ni dinero.

Mito: Diezmar es una cuestión de fe

Frecuentemente pastores que enseñan a diezmar repiten “No diezmar es una excusa porque tienes temor de que no te va a alcanzar, te falta la fe”; el mismo cuestionamiento se puede hacer a los mismos pastores “Usted enseña a diezmar porque tiene temor de que no le va a alcanzar, le falta la fe”.

La estabilidad del presupuesto de una iglesia, y por consiguiente la estabilidad económica de sus pastores, se han hecho dependientes de los diezmos, debido a que el ingreso de un creyente mantiene cierta estabilidad en el tiempo, y de la misma manera sus diezmos. Viviendo bajo ese modelo, no se requiere de fe, ya se sabe cuánto ingresará por el resto del año. Podría requerir un paso de fe aceptar un cambio a un sistema no basado en los diezmos.

Fe se necesita para tener una familia y proveer para ella, el no hacerlo es negar la fe; eso le enseñó Pablo a su discípulo en 1ra Timoteo 5:7-8 cuando le instruía sobre la administración de las ofrendas de ayuda para los necesitados: “Manda también estas cosas, para que sean irreprensibles; porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”. No hay ningun pasaje bíblico que amedrente a través de cuestionar su fe, para enseñar a los creyentes del Nuevo Pacto a diezmar.

Palabras para mis amigos ancianos y pastores

Probablemente no estés de acuerdo con las conclusiones de este estudio.

Si, por el contrario, crees que son correctas, pero en tu iglesia se enseña el diezmo y estimas muy difícil que esto cambie, al punto que no crees que puedas intentarlo o sugerirlo; el camino correcto es la oración.

Gálatas 5:1-12 (Nueva versión internacional)

Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud. Escuchen bien: yo, Pablo, les digo que si se hacen circuncidar, Cristo no les servirá de nada. De nuevo declaro que todo el que se hace circuncidar está obligado a practicar toda la ley. Aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley, han roto con Cristo; han caído de la gracia. Nosotros, en cambio, por obra del Espíritu y mediante la fe, aguardamos con ansias la justicia que es nuestra esperanza. En Cristo Jesús de nada vale estar o no estar circuncidados; lo que vale es la fe que actúa mediante el amor.

Ustedes estaban corriendo bien. ¿Quién los estorbó para que dejaran de obedecer a la verdad? Tal instigación no puede venir de Dios, que es quien los ha llamado.

«Un poco de levadura fermenta toda la masa.» Yo por mi parte confío en el Señor que ustedes no pensarán de otra manera. El que los está perturbando será castigado, sea quien sea. Hermanos, si es verdad que yo todavía predico la circuncisión, ¿por qué se me sigue persiguiendo? Si tal fuera mi predicación, la cruz no ofendería tanto. ¡Ojalá que esos instigadores acabaran por mutilarse del todo!

Dos semanas luego de terminar de redactar este estudio generosamente recibí un estudio que mi padre -pastor por 50 años- escribió en 1986, copio aquí algunos de sus párrafos:

Con bastante frecuencia se oye decir a la gente que las iglesias son como empresas comerciales, que bajo el pretexto de hacer obras benévolas y la evangelización del mundo, hacen mercadería en el nombre de Dios. A los pastores y misioneros se los mira como astutos vendedores de un producto, que lleva la etiqueta de “religión”.

Se supone que las iglesias son centros para ocuparse exclusivamente en asuntos espirituales, pero la mayor preocupación saltante de sus dirigentes es por las ofrendas y los diezmos.

Tales líderes no pueden en ningún momento dejar de hablar, exhortar y hasta amenazar a la congregación para que den sus ofrendas y diezmos.

Si el celo por la Casa de Dios consumió al Señor en aquel tiempo de la ley mosaica al ver que el templo se había convertido en “casa de comercio” y “cueva de ladrones” (Mat. 21:13), ¿cuánto más se enojaría ahora ante la triste situación a que se ha llegado en las iglesias?

El apóstol Pedro dijo que entre el pueblo de Dios, esto es en la iglesia, habrá falsos maestros que harían mercadería con palabras fingidas, 2 Ped.2:1-3. Esta profecía se está cumpliendo en estos días, ya que en todas las iglesias se da mucho más énfasis al dinero que al desarrollo espiritual y salvación del pecador. A veces se aprovecha la candidez del oyente para sacar dinero públicamente en nombre de Dios. Esto se ve en las campañas evangelísticas, donde se prepara psicológicamente al público para que de su dinero. Estos líderes han tomado la piedad como fuente de ganancia (1 Tim.6:5).

La inclinación a la denuncia es mayor en su panfleto que en mi estudio; él toma “el decir de la gente” -que ya por ese entonces se mostraba crítica hacia algunos predicadores- como elemento para cuestionar y llamar a la reflexión a los líderes evangélicos. Un tono más alto encuentro en la denuncia de Manuel González Prada contra los religiosos de su época (1900), en su obra “Presbiterianas” de la cual copio algunos versos de su Prólogo: “A los clérigos”:

Dicen que amáis por instinto
Más que la unción el ungüento
Más raciones que oraciones,
Más el oro que el oremus.

Dicen que, a fuerza de pases,
Magnetizáis al enfermo
Para coger donaciones
Y trabucar testamentos;

Que entre los “ego te absolvo”
Y otros latinajos hueros,
Dais las llaves de la gloria
A quien da las dinero;

Que en el arte de la saca
Sobrepasáis al galeno,
Pues él no lleva su industria
Más allá del cementerio;

Mientras vosotros, medrando
Con bautismo y con entierro,
Sois las polillas del vivo
Y los microbios del muerto.

Engordáis de pura gorra,
Tenéis de propio lo ageno, (sic)
Y echando al mundo la garra,
Nos deslumbráis con el cielo.

Pero ninguno de los tres anteriores (me incluyo), se compara al tono elevado de Jesús contra los escribas y fariseos (parafraseado):

Los religiosos se sientan en el púlpito de Moisés; hagan lo que dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican. Preparan pesadas cargas, muy difíciles de llevar, y las echan sobre las espaldas de la gente, pero ellos ni siquiera levantan un dedo para moverlas.

Todo lo hacen para ser vistos.

¡Hipócritas! ¡Tumbas adornadas!, por fuera bellos, pero por dentro ¡descompuestos y putrefactos!

¡Arrastrados! ¿Cómo escaparán del infierno? Les enviaré profetas, sabios y maestros, pero ustedes los golpearán, perseguirán y matarán.

¡Hipócritas! Hacéis lo imposible por ganar un discípulo, y luego le hacéis doblemente merecedor del infierno que vosotros.

¡Necios y ciegos!

¡Diezmáis lo ridículo y dejáis de hacer lo importante!

¡Coláis el mosquito y tragáis el camello!

¿Nos llaman a la reflexión estas denuncias?

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